Crema de Ginebra y Turrón
Contenido: 70 cl - 15% vol
Tras el éxito de la Crema de Ginebra con Trufa Negra, crearon una hermana deliciosa y sorprendente, una edición especial de Crema de Ginebra y Turrón… CATAPÚN!! . Un trago único, de intenso sabor a turrón con el toque secreto de la Ginebra Picofino que lo hace inigualable.
Una fusión de almendra, miel y canela con una base láctea y nuestra ginebra. Un nuevo concepto, goloso pero equilibrado en el dulzor, y con 15º, ligeramente más suave que su hermana (17º).
La esencia del Picofino way of life en una edición especial: único, exclusivo y delicioso.
CATA
MUY ESPECIAL
Deliciosa, golosa y muy especial. Intenso sabor a almendra, miel y, ligeramente, a canela, lo que perfectamente fusionado nos brinda un sabor maravilloso a turrón blando.
En nariz se junta el turrón y la ginebra con un base láctea menos presente que su hermana de Picofino. Se nota el descenso alcohólico y la hace aún más suave e invita a un segundo y tercer trago inmediatamente.
PERFECT SERVE
Con hielo. Mantener fría la crema y servir en vaso old fashioned o bajo con una piedra grande de hielo y un pequeño twist de cítrico (mejor pomelo o naranja).
Sin hielo. Mantener muy fría la crema y servir en copa pompadour o catavinos, con un pequeño twist de cítrico (mejor pomelo o naranja) y, si te vienes arriba, con un rayadito de trufa negra.
Sobre el productor
Picofino
UNA BONITA HISTORIA CLANDESTINA...
El proyecto Picofino tarda casi 10 años en coger forma y ver la luz. Todo nace en Albuerne, un pequeño pueblo de la costa cantábrica asturiana (tan pequeño que no tiene bar), donde un amante de los destilados, al que algunos le decían picofino, buscaba crear una ginebra completamente única, de forma artesanal, haciendo decenas de pruebas en pequeños lotes que regalaba a sus amigos.
Con la ayuda de un amigo destilador orensano y un viejo alambique portugués de cobre artesanal, durante 8 años, lanzó una ginebra distinta anualmente que recogía lo mejor del año anterior y que se presentaba en una fiesta veraniega en su casa para que la degustasen sus amigos, muchos de ellos restauradores, barmans, cocteleros y, casi todos, picofinos compulsivos. Todos coincidían: cada año mejoraba la ginebra.
La llamó Mio Gin (es decir, era “su gin”). Producía aproximadamente 100 botellas numeradas al año de forma completamente artesanal y clandestina para compartir gratuitamente con los suyos.